¡Obrigado, povo brasileiro!

Países que hoy figuran entre los más transparentes, como Singapur e Islandia, tuvieron una oscura historia de impunidad. Gracias a duras pruebas sacaron fuerzas de sus escasas reservas para emprender grandes reformas institucionales y políticas. La República Dominicana carga el estigma de ser uno de los diez países percibidos como los más corruptos del mundo.

La corrupción ha hecho metástasis, pulverizando los efectos de nuestro sólido crecimiento económico y abortando las posibilidades de un desarrollo tan justo como merecido. El sistema político pierde sus coordenadas éticas mientras la sociedad anda a tumbos detrás de referentes seguros. Nos cansamos de un sistema disoluto e inoperante que no retribuye ni poéticamente los esfuerzos por una mejor vida.

La sociedad dominicana despertó y está dispuesta a librar su lucha en cualquier terreno. Esa resolución es firme y nace de una conciencia tan clara como abatida. Quienes piensen que la avalancha de expresión popular que hoy toma las calles es moda, febrilidad épica o espíritu sedicioso están equivocados. La gente está harta y se muere por demostrarlo.

Odebrecht es una oportunidad que no puede ser desperdiciada. De lo que hagamos o no en este caso dependerá la suerte del presente siglo. Nunca tendremos en nuestras manos mejor látigo para atrapar y lacerar a la sociedad política y empresarial corrompida que ha asumido como propia la hacienda pública.

Dedicamos esta entrega especial de Gaceta Judicial al caso Odebrecht. Analizamos su anatomía jurídica y sus implicaciones políticas e institucionales, en la convicción de que mientras más información manejemos, mejor comprensión tendremos de la dinámica de intereses envuelta en su gestión judicial. Hemos invitado a un repertorio de jóvenes juristas con fuerte arraigo en el derecho constitucional, administrativo y penal para auscultar en sus detalles más íntimos esta patología social.

Le ofrendamos este esfuerzo al pueblo brasileño por cuya presión se desarropó el armazón de corrupción trasnacional más descomunal del presente siglo. Sin esas manifestaciones portentosas que atiborraron las calles de Sao Paulo, Río de Janeiro, Brasilia y Curitiba, los negocios de Odebrecht hubieran postrado en el polvo a la maltrecha economía dominicana y la corrupción hubiese afirmado el imperio de la impunidad. Hoy se habla de Odebrecht en la República Dominicana gracias a las autoridades fiscales y judiciales de Brasil, jóvenes que llegaron a esas posiciones por oposición con el compromiso de aportar su parte en la construcción de un futuro más auspicioso. ¡Obrigado por este belo despertar, povo brasileiro!

 (edición núm. 361, marzo 2017)

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