¡Bienvenida, Suprema Corte de Justicia!

Después de un proceso de selección marcado por los escándalos y las intrigas políticas, se renovó la Suprema Corte de Justicia. Un parto tortuoso.

Cuando las decisiones de poder, matizadas por los intereses, imponen sus criterios nunca se puede aspirar a lo ideal sino a lo posible. Esa es nuestra Suprema, retada a demostrar que se puede.

Particularmente nos satisfizo la escogencia de algunos jueces y abogados. Debieron quedarse otros, cuyo retiro, aun no deseado, es honroso. Ahora nos corresponde trabajar, y mucho.

Luis Henry Molina es su nuevo presidente. Un joven que, a pesar de los cuestionamientos generados por sus vínculos partidarios, ha probado en su historia de vida un desempeño gerencial de primera. Conocemos de cerca su dedicación y responsabilidad. Es de carácter sobrio y perfeccionista. Sabe delegar y trabajar en equipo y tiene visiones modernas en la gestión de despachos. Si logra trabajar con independencia y arrancar el porcentaje presupuestario del Poder Judicial, una demanda irresponsablemente desatendida, podemos esperar sensibles cambios en el Poder Judicial. En esa expectativa nos anima el optimismo.

Lo que le espera a esta nueva Suprema Corte es desafiante. El servicio judicial se encuentra en estado de emergencia. Las demandas rebasan su capacidad de respuesta, la mora en los fallos es crítica, las condiciones de desempeño de los tribunales son precarias y los jueces resultan insuficientes.  Mientras se administre justicia en contenedores nunca habrá razones para sentirse confiados. Eso es una afrenta. Ya el Poder Judicial no admite más reparos ni remiendos, se trata de una reinvención estratégica que responda a los requerimientos de la sociedad de hoy.

Les deseamos los mejores éxitos al magistrado Luis Henry Molina y a su equipo. Confiamos en que afrontarán el reto sin destemplanzas. Es una oportunidad  inmejorable para cambios profundos, esos que nos puedan regresar el orgullo perdido. Tenemos derecho a una Justicia de calidad.  ¡Podemos!

(edición núm. 383, marzo de 2019)

 

Tambien podria interesarle

Una brecha de esperanza

El problema estructural dominicano no es de recursos naturales: es de compromiso (y lo ha …